Los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial -PDET-  son un proceso de construcción, participación y transformación subregional a 15 años que busca consolidar la visión colectiva de todos los actores de la sociedad en los 170 municipios más afectados por la violencia, la presencia de cultivos ilícitos, la pobreza y el abandono por parte del Estado en Colombia. Los PDET surgen como una gran apuesta de transformación rural que permitirá mejorar la calidad de vida de todas las personas en dichos territorios ofreciéndoles acceso a servicios básicos, mejoramiento de infraestructura, seguridad alimentaria, reactivación económica, pero sobre todo, acceso a la propiedad y tenencia de las tierras y su distribución equitativa.


El PNUD está comprometido en trabajar de cerca con los habitantes de estos municipios priorizados, aportando al fortalecimiento de las capacidades de las comunidades e instituciones locales para que promuevan el desarrollo humano sostenible como quedó establecido en el Marco de Cooperación – UNSDCF- firmado entre el Gobierno Nacional y las Naciones Unidas en el 2020. Es por esta razón, que desde el PNUD se han establecido 27 iniciativas con enfoque PDET que permiten la articulación de planes nacionales y territoriales para el desarrollo a estas comunidades.

El PNUD está impulsando este esfuerzo de todos y todas para lograr un cambio real en la calidad de vida de las comunidades y los territorios históricamente vulnerados. #ElPDETen Acción

Desde el 2007, el PNUD ha venido trabajando en iniciativas que impulsan el desarrollo del departamento de Caquetá y desde el 2016, gracias a la instalación de la oficina territorial del PNUD en Florencia se logró un acercamiento con las comunidades que habitan este territorio. Esta tierra exuberante, puerta del Amazonas, tiene la totalidad de sus municipios priorizados en los PDET y una gran variedad de actores que construyen día a día territorios más incluyentes y sostenibles. Las intervenciones que desde ya ha venido adelantando el PNUD con socios estratégicos como el Gobierno Nacional, el sector privado, las organizaciones sociales, las comunidades y la cooperación internacional están esbozando una prometedora experiencia para acelerar el logro de los PDET.

Cuenca del Caguán y Piedemonte Caqueteño

Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial -PDET-

Aprendiendo a nadar: hacer realidad los PDET para la paz y el desarrollo sostenible territorial


“Con el PNUD y la ART hemos venido trabajando de cerca en dos apuestas PDET: los Mercados Campesinos y las Tiendas Comunitarias. Ya hemos avanzado mucho en la formulación de esos proyectos y tenemos identificadas las fuentes de financiación. Lo más gratificante de este proceso es la capacidad instalada por la capacitación, apoyo y acompañamiento. Creo que, gracias a este proceso, pronto podremos nadar solos”,

afirmó Jhon Peña, secretario de Ambiente y Desarrollo Rural del municipio de Florencia, Caquetá.

Dos apuestas ilusionan al cumplimiento del PDET de Florencia: la formulación de un proyecto de Mercados Campesinos y uno para potenciar las tiendas comunitarias rurales. El primero, enfocado en tres corregimientos, busca fortalecer la economía campesina a través de alianzas con el sector privado con estaciones de servicio. El segundo busca el autoabastecimiento y sostenibilidad de la economía campesina, con tiendas comunitarias, que además aseguren el empoderamiento de las mujeres locales.

Los proyectos están siendo formulados a través de la estrategia ‘Hagamos Realidad Nuestros PDET’, una apuesta liderada por la Agencia de Renovación del Territorio -ART-, el PNUD en Colombia y el financiamiento del Fondo Multidonante de la ONU para el Sostenimiento de la Paz -MPTF. Con esta estrategia se buscaba no detener los esfuerzos de fortalecimiento de capacidades locales e institucionales para el cumplimiento de los PDET, pese a las contingencias de la pandemia por COVID-19. La ART y el PNUD, desde el área de Gobernabilidad Democrática, adaptaron sus esfuerzos en medio de la emergencia para instalar y fortalecer capacidades en las alcaldías y gobernaciones de territorios PDET, de tal forma que pudiesen especializarse en formulación de proyectos efectivos y gestión de recursos por múltiples fuentes de financiamiento como Regalías y OCAD PAZ, recursos departamentales o de la nación.

Hagamos realidad nuestros PDET ha conseguido avanzar en la formulación de 70 proyectos de inversión para el cumplimiento de los PDET en los 170 municipios priorizados por Posconflicto. En el caso de las apuestas de Florencia, el de tiendas comunitarias ya avanza en proceso de censos de caracterización.

“En un proyecto muy apreciado porque ha sido participativo en las consultas, a pesar de la pandemia, y no sólo contribuye al pilar 6 PDET ‘Reactivación económica y producción agropecuaria’, sino que favorece el cumplimiento de nuestro Plan de Desarrollo Municipal”, estimó el secretario Peña.

El Caquetá, que en su totalidad como departamento es una subregión PDET llamada Cuenca del Caguán y Piedemonte Caqueteño, también avanza en la formulación de un proyecto conjunto regional, que en esta estrategia ha logrado unir esfuerzos en subregiones más.

“Revisamos la estructuración de un proyecto para el pilar 4 de Educación rural y primera infancia, y encontramos la necesidad territorial de formular uno relacionado con dotaciones escolares. Aplicamos encuestas online con rectores de las instituciones educativas públicas de todos los municipios, y encontramos necesidades en dotación de mobiliario, menaje y equipos-elementos de cocina. Para el momento de la reactivación escolar, las instituciones cuenten con el mobiliario adecuado para atender a la comunidad estudiantil”, explica Socorro Osorio, profesional asesora de la ART y líder del pilar Educación Rural y Primera Infancia para el Caquetá.

La funcionaria explica un proceso de coordinación con las alcaldías municipales, diálogo directo con las instituciones, armonización con la implementación de los PDET, y una articulación estratégica con la Secretaría de Educación del departamento de Caquetá. Se priorizaron las instituciones educativas oficiales con jornada única y cocinas escolares, y se inició un proceso de estructuración con el objetivo de dotar sus restaurantes con los elementos, menajes y demás herramientas pertinentes para una adecuada atención a estudiantes. El proyecto se encuentra en etapa de finalización de estructuración, y pasará a la Gobernación y a los municipios del Caquetá para su apropiación final. Pronto se espera su presentación ante fuente de financiación con Regalías, a través del OCAD PAZ.

“La paz territorial se logra en la medida en que cada comunidad y cada persona sienta que las condiciones son iguales para todos: que no hay inequidad, y que el derecho a educación se da en condiciones de calidad. Que todos los pequeños puedan ir a su escuela, que la alimentación aporte a su nutrición, y que tengan docentes y condiciones dignas todo el tiempo” concluyó Socorro Osorio, en línea con lo estimado por el secretario Jhon Peña: “En Caquetá hemos vivido inmersos en un conflicto donde de 170 mil habitantes, 140 hemos sido víctimas. Le apostamos a la paz si le apostamos al desarrollo rural con equidad: si con los PDET redignificamos la labor campesina y protegemos el bienestar de nuestra ruralidad”.

La Estrategia Hagamos Realidad Nuestros PDET ha realizado al menos 18 sesiones temáticas para el fortalecimiento de capacidades institucionales desde el inicio de la emergencia sanitaria, en temas de formulación de proyectos, instancias PDET, ordenamiento territorial, gestión de recursos, entre otros temas. Este esfuerzo, liderado por la ART, PNUD y el MPTF, también ha articulado al Ministerio de Vivienda, el Departamento Administrativo de la Función Pública, Colombia Compra Eficiente, el Departamento Nacional de Planeación -DNP, entre otros. En cada sesión han participado más de 200 representantes de los 170 municipios PDET, incluyendo a formuladores de proyectos, secretarios/as de despacho, y alcaldes y alcaldesas.

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La montañita de los mil colores


Caquetá es de esos departamentos de Colombia que simplemente te quitan el aliento. Sus montañas, sus selvas y sus ríos, son adornados con los trinos alegres de las aves y el ambiente tropical que inunda el lugar. Cerca al pie de monte de la cordillera de los Andes, se alza un pequeño poblado de casas de ladrillo, cemento y drywall, de calles de arcilla y arena amarilla. El poblado Héctor Ramírez, antiguo ETCR de Agua Bonita, es uno de esos lugares que parecen haber sido inspirados por el realismo mágico de García Márquez, o viceversa.

El lugar queda a una hora aproximadamente de la capital de Caquetá, Florencia, en la vereda Agua Bonita en el municipio de La Montañita, uno de los 17 municipios priorizados en los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) para la subregión de la Cuenca del Caguán y Piedemonte Caqueteño. Es uno de los pocos espacios territoriales que queda cerca al casco urbano de una ciudad importante del país; sin embargo, solo a media hora, ya se ha perdido todo contacto con la ciudad, las imponentes montañas se alzan hacía un costado de la carretera y la llanura selvática se extiende hacía el lado opuesto. De vez en cuando, los ríos rompen el ritmo de la carretera para pasar con un caudal impetuoso.

Quizás por esta riqueza natural casi olvidada o nunca conocida por los colombianos y su ubicación estratégica colindante con departamentos que comparten sus más grandes secretos, La Montañita fue uno de los municipios declarados zona roja en la época más oscura del conflicto armado interno. Una zona peligrosa, en donde el Estado pocas veces podía llegar. Ahora la situación territorial parece estar cambiando en este lugar. Las pequeñas casas llenas de colores inundan el paisaje y no es para menos, este es el único poblado que ha tenido un festival artístico cada año desde la firma del Acuerdo de Paz, el cual ha permitido la intervención de las paredes de las casas y los espacios de esparcimiento de los excombatientes por medio de pintura libre o grafiti, lo cual ha propiciado un espacio de reconciliación con las comunidades aledañas permitiendo atraer cientos de ojos de colombianos y extranjeros que no conocían las maravillas que escondía el Caquetá.

Este festival hace parte de las múltiples iniciativas de reincorporación socioeconómica que lideran los excombatientes y que han sido relativamente exitosas hasta el momento. Otros proyectos productivos como la ganadería ecológica, la instalación del cultivo de piña, la construcción de una cancha sintética, el desarrollo de un hospedaje ecoturístico y el fortalecimiento de una zapatería hacen parte de las iniciativas que acompaña técnicamente el PNUD y que cuentan con el apoyo del Fondo Multidonante de Naciones Unidas para el Sostenimiento de la Paz (MPTF). Frecuentemente, el equipo especializado de PNUD recorre las plantaciones para analizar el terreno y evaluar la calidad de las cosechas. Estas apuestas transformadoras y alternativas en el territorio han consolidado a este espacio territorial como uno de los más organizados que están en funcionamiento en la actualidad. Aparte del arduo trabajo, también han contado con suerte. A pesar de estar en el centro de una de las zonas más violentas del país, estos excombatientes todavía gozan de seguridad y paz en esta parte del departamento.

Estos proyectos productivos agrupan los sueños de cientos de excombatientes y sus familias que llegaron a establecerse en este territorio, el mismo en el que tiempo atrás combatían. Para Federico Montes, un paisa excombatiente perteneciente al comité que lidera el espacio territorial:

“Lo que nos hemos propuesto como objetivo de ahora en adelante, proyectos para atraer sectores claves de la sociedad para nuestro proceso de reincorporación y posicionar las apuestas que desde espacios como estos se están haciendo para construir país”.

Y no es para menos, las iniciativas productivas son la apuesta más alta que tienen más de 100 excombatientes y personas de la comunidad que ya se han establecido en este pequeño poblado para tener una vida digna y tranquila, por esta razón, nutren con esfuerzo, disciplina y compromiso el camino de paz que han abonado hasta ahora. Sus iniciativas y productos ya son reconocidos tanto en la comunidad de La Montañita como en ciudades como Florencia y Bogotá, por ejemplo, la piña de variedad oro miel tiene gran demanda por su sabor inigualable lo cual se debe al terreno en la cual está siendo sembrada “el terreno en donde está el pinal es un terreno virgen en agricultura, nunca había sido utilizado para producir algo, por eso la tierra conserva todos los nutrientes necesarios para darle la calidad que ahora tienen", enfatiza Federico.

Este espacio territorial es un ejemplo de una reincorporación exitosa e incluyente. Las mujeres han construido su espacio propio de participación y liderazgo, e impulsan sus iniciativas de manera autónoma como una sastrería para la elaboración de morrales y el manejo de residuos sólidos de todo el espacio territorial a través del reciclaje. Para Betsy Ruíz, lideresa de género del antiguo ETCR:

“La participación equitativa de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad y especialmente en el desarrollo rural es un derecho y debe ser fundamental para construir un futuro sostenible. Las niñas y las mujeres deben ser escuchadas para construir mejores sociedades”.

La Montañita es un lugar de una riqueza extrema; su paisaje, su gente, y su tierra siempre han sido ejemplo del maravilloso país que es Colombia. Ahora, el departamento de Caquetá está cambiando, en donde había sangre, ahora solo existen oportunidades de empezar de nuevo y construir un país más incluyente que apunte al fortalecimiento rural y técnico de sus campesinos y habitantes.

El antiguo ETCR de Agua Bonita hace parte de los dos espacios territoriales administrados por la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) junto al antiguo ETCR de Miravalle en San Vicente del Caguán en la subregión PDET de la Cuenca del Caguán y el Piedemonte Caqueteño. Y aunque, la reincorporación hace parte de otro punto del Acuerdo de Paz de donde fueron concertados los PDET, sin duda alguna, una reincorporación exitosa de los y las excombatientes de FARC en este territorio marcaría un precedente en una zona de violencias históricas y recurrentes, fomentando el desarrollo rural del departamento.

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En Caquetá, la comunidad embera chamí sueña en colectivo


En la Vereda San José de Canelos, zona rural de Florencia en el departamento del Caquetá, 50 familias de la comunidad indígena embera chamí del resguardo Honduras, combinan la siembra de productos de pan coger y la producción de artesanías con un emprendimiento de ganadería sostenible que dinamiza las fuentes de ingresos y genera empleo y bienestar.

Su emprendimiento es una de las medidas de reparación colectiva que el Ministerio del Trabajo, con el apoyo técnico del Programa de las Naciones Unidas- PNUD, entrega a comunidades víctimas del conflicto por medio del programa Emprendiendo Sueños en el marco de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras - Ley 1448 de 2011.

Aunque la ganadería no ha sido, tradicionalmente, una actividad propia de su comunidad, el hecho de desarrollar un proceso sostenible y amigable con el medio ambiente llamó su atención.  La propuesta Emprendiendo Sueños fue pasar de un modelo de ganadería extensiva a uno de sistemas silvopastoriles en donde se promueve un relacionamiento armónico entre el ganado, los árboles, las pasturas y los arbustos del entorno.

Para Roberto Guasiruma Auchama, licenciado de etnoeducación con énfasis en ciencias sociales y responsable de implementar el componente psicosocial en el proyecto, el programa Emprendiendo Sueños ha representado nuevos aprendizajes alrededor de la ganadería y el emprendimiento, lo que les permite producir y comercializar, en promedio, 2.317 litros de leche.

“Hemos podido despertar muchos conocimientos en los temas contables, financieros y administrativos. Además, tenemos el apoyo de un zootecnista que nos está enseñando a cuidar a los animales. Seguimos soñado para que mañana nuestros jóvenes y nuestros niños sean quienes administren el proyecto de ganadería con un sentido más técnico”, asegura, Roberto, quien afirma que desde el inicio del programa han aprendido a llevar el control de los recursos que obtienen de la venta de la leche.

De acuerdo con Roberto, el programa ha hecho posible que las 160 personas que hacen parte del resguardo aprendan a trabajar en equipo y a incorporar mucho más a las mujeres en la producción agropecuaria.

“Antes, los recursos eran individuales, cada uno miraba cómo sostener su familia con la venta de artesanías. A partir de este proyecto tenemos otra mirada, nos han enseñado a soñar en colectivo”, afirma Roberto Guasiruma Auchama, profesor embera del resguardo Honduras.

La ganadería sostenible es posible

“El propósito es hacer una transición del modelo de ganadería extensiva a sistemas silvopastoriles en el que haya mejoramiento de praderas, establecimiento de árboles en los bordes de los potreros para el ramoneo, así como siembra de maderables de la región para el confort animal, y de un banco mixto de forraje, es decir un espacio destinado a cultivar especies vegetales para ensilar y alimentar a los animales cuando las pasturas escasean”, asegura Juan Carlos Rojas, profesional del PNUD encargado de acompañar la implementación del proyecto en Caquetá.

Adicionalmente se instaló una cerca eléctrica, que, a partir del uso de paneles solares, permite controlar el movimiento del ganado y disminuir el impacto sobre el suelo. De acuerdo con Juan Carlos, la cerca favorece un manejo más eficiente del terreno y direccionar al ganado a los lugares donde hay abastecimiento alimentario suficiente.

Emprendiendo Sueños promueve el empoderamiento de las mujeres emberas

Incluir a las mujeres en el trabajo del campo es una de las principales actividades que se plantea Roberto. En su comunidad las mujeres tradicionalmente se dedican a la elaboración de artesanías y al cuidado de los hijos y el hogar. 

“Queremos involucrar a la mujer embera, que ellas sean participes del programa que llega a nuestro territorio. Queremos fortalecer mucho más su trabajo, escuchar su voz y fortalecer su liderazgo en la comunidad.  Lo que buscamos es que ellas se empoderen y sepan que el proyecto les pertenece”, asegura Roberto Guasiruma Auchama, profesor embera del resguardo Honduras y profesional psicosocial del proyecto.

Nancy Aisama Guasiruma de 39 años y madre cabeza de hogar de 4 niños es una de las mujeres embera que han hecho parte del proceso.  Inicialmente participaron en la siembra de pastos para el ganado y ahora asisten a las reuniones en las que se empiezan a organizar los comités comerciales y de contabilidad.

“Estamos trabajando con la comunidad para lograr el sueño de las mujeres. Queremos que más muchachas y jóvenes participen y podamos tener también producción de pollos, marranos y pescados”, asegura Nancy quien sostiene su hogar con las artesanías que ella produce y que sus familiares venden en otras ciudades.

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Los Aromas del Caguán


A veces parece una fortuna que en un mundo que no duerme, todavía existan lugares en donde no hay luz artificial, en donde las redes eléctricas parecen ser tan cortas que no alcanzan, que no llegan a algunas comunidades. Lugares dentro del paisaje colombiano en donde las personas siguen en completa sincronía con la naturaleza, despiertan y duermen al ritmo de la rotación del planeta. A veces parece una fortuna, pero también, a veces es una desventaja.

Cuenta Patricia Rodríguez que este proyecto se cimentó desde el 2014 con un grupo de mujeres que quisieron conformar una organización “en defensa de los derechos humanos, porque estábamos en una zona donde el conflicto era muy intenso”. Así nació la Asociación de Mujeres en Pie de Lucha por la Equidad, la Paz y la Defensa del Territorio (ASOMUPIEL), inicialmente dedicada a la educación activista por la protección de la mujer.

Después, en el 2018, bajo los programas de desarrollo con enfoque territorial (PDET), llegó Ambientes para la Paz: Vida Digna y Reconciliación, implementado por el PNUD, el cual les ofreció a las mujeres de ASOMUPIEL, ya organizadas, herramientas para fortalecer su empoderamiento.

Al momento de decidir sobre la iniciativa que impulsarían juntas, según relata Patricia, “habríamos podido elegir un proyecto productivo relacionado con la ganadería”, siendo la zona del Caguán una de las más ganaderas del país, “pero nos dimos cuenta de que sería un contaminante más para la naturaleza”. Entonces, encontraron en la producción de aromáticas, a base de plantas, una manera, ambientalmente sostenible, de empoderarse y de obtener ingresos económicos.
“El PNUD nos apoyó en cuanto a todo lo que se requería para las huertas. Nos dio el apoyo en cuanto al técnico, que nos enseñó todo el proceso de producción. Luego, nos apoyó en cuanto al montaje para hacer el proceso de transformación de esas plantas en aromáticas. Hemos aprendido a ejecutar recursos. Nos hemos educado en manejo de redes sociales y en mercadeo”, continúa Patricia.

Así, las mujeres rurales y del municipio, que se sumaron al programa, fueron dando forma a la iniciativa de negocio que hoy llaman Aromas del Caguán. Y aunque, según Patricia, confiesan que

“Ante el proceso han resultado algunas dificultades, como es normal en cualquier proceso”, han sido muy persistentes. “Cuando algunas no han podido, otras hemos estado ahí para no dejar caer el proyecto. Estamos seguras de que va a ser muy grande, porque tenemos todo”.

Entonces, ¿qué es lo que hace falta para que Aromas del Caguán pase del sueño a la realidad? Cosechar los frutos de sus primeros pedidos, pues ya tienen varios acuerdos comerciales con supermercados mayoristas de la zona y se encuentran en la etapa de producción para suplir la demanda. Pero, como dice Patricia, “nosotras somos felices, qué es lo que realmente importa”. Y esa actitud, junto con todo su empeño, es lo asegurará que su aroma sea perdurable.

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Un regalo de luz


A veces parece una fortuna que en un mundo que no duerme, todavía existan lugares en donde no hay luz artificial, en donde las redes eléctricas parecen ser tan cortas que no alcanzan, que no llegan a algunas comunidades. Lugares dentro del paisaje colombiano en donde las personas siguen en completa sincronía con la naturaleza, despiertan y duermen al ritmo de la rotación del planeta. A veces parece una fortuna, pero también, a veces es una desventaja.

A veces parece una fortuna que en un mundo que no duerme, todavía existan lugares en donde no hay luz artificial, en donde las redes eléctricas parecen ser tan cortas que no alcanzan, que no llegan a algunas comunidades. Lugares dentro del paisaje colombiano en donde las personas siguen en completa sincronía con la naturaleza, despiertan y duermen al ritmo de la rotación del planeta. A veces parece una fortuna, pero también, a veces es una desventaja.

Para cientos de pueblos indígenas esto es una realidad. Un servicio básico como la luz eléctrica parece haber sido siempre esquivo. En la subregión PDET de Cuenca del Caguán y Piedemonte Caqueteño, especialmente en el departamento de Caquetá, al suroccidente del país, habitan un gran número de pueblos indígenas, sin embargo, la mayoría de ellos no son originarios de este territorio. Los embera chami del resguardo Honduras, ubicado a casi dos horas de Florencia, la capital del departamento, caminaron kilómetros, cruzaron medio país para establecerse aquí y poder narrar su historia. Aguantaron años de violencia y hostigamientos hasta que el secuestro, asesinato y desaparición forzada de su cacique y su comunero en el departamento del Chocó, los dejó sin una base sólida para seguir resistiendo.

De igual manera, lo vivieron los indígenas nasa we’sx del resguardo La Gaitana. El desplazamiento forzado y el asesinato de su autoridad indígena los obligó a dejar su territorio en el sur de Tolima para llegar a vivir en unas bodegas automotrices en Florencia durante años, a la merced de la caridad de las personas que por allí transitaban y de los programas del gobierno local que no alcanzaban a suplir tantas necesidades.

Estas comunidades se desplazaron, caminaron y terminaron aquí, en el exuberante Caquetá, que aún lejos de ser un territorio de paz, logró abrigarlos en sus llanuras selváticas durante la época más cruda del conflicto. Sin mucho en sus maletas, solo la dignidad y resistencia que caracteriza a los pueblos indígenas, estos dos pueblos se establecieron posteriormente en veredas de Florencia que se convirtieron en resguardos y que con el paso del tiempo han podido llegar a llamarlo hogar.

Estos dos pueblos indígenas han sido reconocidos por el Estado colombiano como víctimas pertenecientes a grupos étnicos gravemente violentadas y vulneradas durante el conflicto armado interno. Entre los daños colectivos contemplado están los psicosociales y morales, económicos, a la integridad étnica y cultural, a su organización política, a su territorio, entre otros. Por ello, en el marco de la Ley de Víctimas, se estableció un Programa Administrativo de Reparación Colectiva que permitiera brindar un conjunto de medidas que beneficiaran a esta población para restaurar de alguna manera los daños que parecen ser imborrables.

Hace algunos años, estas comunidades identificaron la falta de energía eléctrica como una necesidad subsanable por el Estado que logró convertirse en una medida de reparación colectiva. Sin embargo, con el paso del tiempo y una necesidad apremiante de tener electricidad, estas comunidades de manera autónoma adquirieron una planta eléctrica para poder conectar una nevera y uno que otro celular. Ahora, gracias a la alianza entre la Unidad para las Víctimas y el PNUD se está realizando la socialización e instalación de paneles solares en los dos resguardos para el suministro de otra fuente de energía eléctrica alterna que permita brindar energía a electrodomésticos y equipos para el ejercicio del gobierno propio y el desarrollo de la economía de estas comunidades, con el fin de contribuir a su reparación desde los componentes político, material y simbólico.

La instalación de los paneles solares y la producción de energía fotovoltaica como medida de reparación colectiva al pueblo emberá chami del resguardo Honduras se está adelantando para suplir la necesidad de energía eléctrica para nueve equipos de computación, una fotocopiadora, una impresora y un video beam, lo cual permitirá agilizar y tecnificar muchas acciones que se realizan en el ejercicio de su gobierno propio y que permiten asegurar el funcionamiento de la oficina rural.

Para Permiso Gutierrez, gobernador del resguardo Honduras, esta instalación de paneles solares es “un sueño diferente al que nosotros habíamos pensamos. Después de dos años de que la comunidad gestionara este proceso con la institucionalidad, hemos recibido con satisfacción el mensaje de la instalación de estos paneles. Para nosotros es algo bueno porque los recursos que nos ahorramos aquí y del pago del servicio público, son recursos que nos sirven para el sustento de nuestras familias, las cuales tienen muchas necesidades. Estos paneles no son de nuestra cultura, pero nos sentimos muy agradecidos por este regalo que nos dan”.

Por otro lado, la instalación de este tipo de energía para el pueblo nasa we’sx en el resguardo La Gaitana se llevará a cabo para poner en marcha el proyecto productivo de confecciones que adelanta la comunidad y que ya cuenta con máquinas de coser, fileteadoras y un espacio de producción al que solo le hace falta la instalación de energía eléctrica.  

Las necesidades básicas insatisfechas como el acceso a los servicios públicos en zonas rurales de esta subregión PDET son numerosas. Según el DANE (2005), el 59% de la población no tiene acceso a servicios públicos, ni a condiciones de vivienda dignas. Es por esta razón que en los Planes de Acción para la Transformación Regional (PART), se estableció como uno de los principales objetivos de los PDET, el mejoramiento de la cobertura y el acceso a la energía eléctrica y la conectividad por medio de interconexión o la implementación de sistemas alternativos.

Estas transformaciones rurales son fundamentales, sobre todo para estas comunidades étnicas que aún guardan la esperanza de que sus derechos sean respetados y que se construya una nueva sociedad colombiana, en donde la voz, las tradiciones y el legado de los pueblos indígenas sean valorados y escuchados.